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Coto minero de San Cristóbal y Los Perules

Los diferentes ‘Mazarrones’ que han existido a lo largo de distintas épocas, lo fueron mayoritariamente por su riqueza minera (hierro, plomo, plata, zinc, cobre, alumbre y almagra). Los primeros testimonios datan de la época fenicia como atestiguan varios yacimientos y el hallazgo único en el mundo de dos barcos fenicios hundidos hace 2.700 años en la Playa de la Isla, en Puerto de Mazarrón.

_Dificultad física_

No requiere mayor esfuerzo que pasear.

_Dificultad técnica_

Caminos o senderos amplios y sin dificultad.

_Desnivel_

Desniveles poco relevantes.

_Duración_

Unas 3 horas.

_Coordenadas_

Entrada desde El Portichuelo:

X: 648217, Y: 4163240

Entrada por el camino de la antena:

X: 648520, Y: 4162905

Prueba del rico comercio fenicio es que historiadores de la antigüedad, como ‘Diodoro de Sículo’, hicieran crónicas como ésta: “… los comerciantes fenicios que navegaban a Iberia… cuando su barco estaba sobrecargado de plata… quitaban el plomo de sus anclas y en lugar de plomo hacían el cepo de plata”.

Fenicios, griegos y cartagineses pasaron por nuestras costas, hasta que la II Guerra Púnica trae la caída de Cartago Nova (209 a.C.) y la conquista romana. Los romanos son los que emprenden la mayor explotación de la antigüedad.

Dentro del recinto del ‘Coto San Cristóbal’ y ‘Los Perules’ se encuentra la ‘Corta Romana’, conocida popularmente como ‘El Charco de la Aguja’. Se trata de una cantera que ocupaba en origen un gran frente de laboreo de más de 300 mts de longitud, con una altura media superior a los 25 mts.

En otros puntos del municipio, como en el ‘Coto Fortuna’ en ‘Leiva’, se conservan importantes obras de ingeniería romana, como una galería de desagüe de 2 km (no visitable ni visible ya que se encuentra a ocho metros de profundidad), una de las obras de estas características más importantes del imperio. La compañía romana que lo explotaba se denominaba ‘Societas Montis Argentaris Ilvcro’, y con la marca de esta empresa romana han aparecido lingotes con inscripción incluso en el Tíber, cerca de la mismísima Roma. La vida de estos mineros no debió de ser fácil, a tenor del hallazgo de una extremidad humana encadenada con grilletes a una galería minera.

La minería se desarrolló durante la época visigoda y musulmana, aunque se dejaron pocos testimonios. Se percibe un acentuado declive llegando hasta casi desaparecer.

La minería vuelve a renacer con la reconquista y los asentamientos cristianos, y con ella el embrión de lo que será el actual municipio de ‘Mazarrón’. Dependiente del ‘Concejo de Lorca’, apareció el caserío llamado “Casas de los Alumbres de Almazarrón”. En 1462, Enrique IV concede el privilegio de la explotación de las minas a los marquesados de ‘Villena y Vélez’, manteniendo su esplendor hasta aproximadamente 1592.

El alumbre era utilizado principalmente como mordiente de tintes, exportándose para la confección de tapices en los Países Bajos. También como astringente y desinfectante intervino en el curtido de cueros, iluminación de códices y en la fabricación de vidrio. Esta riqueza minera provoca la segregación de la villa y se oficializa en 1572 con la carta de privilegio firmada por Felipe II.

Es en el siglo XIX cuando Mazarrón alcanza unos niveles tecnológicos, económicos y poblacionales inauditos e insospechados.

La libre prospección en terrenos públicos por medio de una simple notificación a la Administración, causa una auténtica fiebre minera. Mazarrón crece rápidamente y las sociedades mineras internacionales se deciden a invertir y tecnificar los trabajos. En 1886 se inaugura un ferrocarril que unía las minas de Mazarrón con la Fundición de Santa Elisa del Puerto de Mazarrón y en 1893 las minas ya disfrutan de fluido eléctrico. Gracias a sus minas, Mazarrón lidera el sector minero murciano y se sitúa a la vanguardia nacional. Se llegaron a acometer trabajos a 600 metros de profundidad.

Es a la entrada del siglo XX, cuando se empiezan a percibir los primeros síntomas de declive. Algunas razones de esta decadencia son:

a) Inundación de pozos e incapacidad de evacuación del agua.
b) Caída de los precios del plomo.
c) Agotamiento de los filones más ricos.
d) La Guerra Civil.

Al cierre de las minas, Mazarrón sufre una importante emigración.
Mazarrón ha sabido adaptarse a los tiempos, recuperando el antiguo esplendor con actividades de otros sectores como el turismo, el sector servicios, la construcción y el cultivo de tomate.

Recorridos

Por la riqueza de esta ruta, no vamos a decantarnos por ninguna en particular. En la fotografía del reverso marcamos varios itinerarios posibles. Simplemente indicamos dos de los accesos posibles a la zona minera. Dejamos que elijan el camino que más les llame la atención, siempre sin abandonar los caminos y con las debidas precauciones.

A. 1ª Vía de acceso y más sencilla. La Avenida de la Constitución abandona el casco urbano convirtiéndose en carretera, dirección a Murcia. Tras abandonar las últimas casas, una curva a la derecha sube una cuesta conocida como el Portichuelo. Unos metros antes de llegar a la mencionada curva, se aparta un camino a la izquierda de la carretera. Lo tomamos e inmediatamente aparcamos. Es un buen lugar para adentrarnos en las minas. El Cabezo de San Cristóbal (186 mts) se encuentra a nuestra izquierda y Los Perules a la derecha.

B. 2ª Vía de acceso. Buscando como referencia dentro del núcleo urbano la Plaza del Ayuntamiento, encontramos la plazoleta de la calle Pintor Agustín Navarro y ascendemos por la calle Lardines y por la calle Marín Baldo en dirección a las minas. Hallaremos un camino, que como referencia, se dirige hacia una antena de telefonía móvil en la ladera del monte San Cristóbal. Por este empinado pero transitable camino se puede llegar en vehículo hasta la base de la antena, pero es recomendable dejarlo abajo. A partir de este punto se llega en poco tiempo a pie al conjunto de Santa Ana.

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Almenas de la muralla
Entrada principal a la fortificación
Batería de Castillitos