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Romería del milagro

Una tradición que se ha mantenido casi intacta.

A lo largo de todo el siglo XVI y gran parte del XVII la vida en Mazarrón pasaba inexorablemente por el peligroso trance de sufrir invasiones del norte de África. Según nos refieren las actas capitulares de la época, los desembarcos de piratas berberiscos se producían casi a diario, robando, secuestrando y amedrentando al vecindario de Almazarrón. Para su defensa, la población tan sólo disponía de una escasa vigilancia en algunos apostaderos, un castillo mal artillado y los avisos, no siempre oportunos, llegados de Cartagena y del Corregimiento de Murcia, notificando del avistamiento de navíos con ánimos de asaltar la costa. En este contexto histórico del corsarismo mediterráneo debemos enmarcar el conocido como «Milagro de Almazarrón» y las consecuencias sociales y culturales que se derivaron después.
Según se desprende de las «Nueve Declaraciones del Milagro» tomadas por el escribano del Ayuntamiento a otros tantos testigos, en la madrugada del día 17 de noviembre de 1585, se acercaron hasta la entrada del pueblo de Mazarrón con ánimo de saquearlo, medio centenar de piratas berberiscos que habían atracado sus navíos en las inmediaciones de Bolnuevo. Su huída precipitada y sin motivo aparente, dio pábulo a la leyenda del Milagro
El fraile Ginés García Alcaraz describió todos los sucesos ocurridos a partir del peligroso desembarco en libro publicado un siglo después por la Orden Franciscana en Mazarrón:
A los principios de la fuga, se les apareció una hermosa Doncella, que picándoles en la retaguardia con ardimiento imponderable, los consternaba a más desordenada ligereza. Era tan formidable el espanto que precipitaba a los infieles, que perturbándoles la fantasía, les efigiaba en cada mata un vestigio y en cada peñasco un gigante que les amenazaba con la esclavitud o con la muerte.
Cuentan esas mismas crónicas que gran parte del vecindario que dormía cuando aún no había amanecido, se sobresaltó con el toque prodigioso y a «rebato» de la campana de la ermita de la Concepción, pues sonaba sin ser tocada por mano alguna. Luego que pasó el peligro, los mazarroneros entraron en la ermita a dar gracias y vieron perplejos otros portentos en el rostro de la Virgen, hallándolo con su semblante vuelto al mar, el manto mojado y restos de arena de la playa. Por último, advirtieron cómo la lámpara, apagada desde el día anterior, ahora estaba iluminada y no cesaba de verter aceite en abundancia. Hasta ahí el resumen del relato que García Alcaraz escribió, basándose en la tradición oral y en el expediente que mandó realizar el Concejo de la villa. Es evidente que los pormenores de dicha efeméride han venido transmitiéndose de padres a hijos, desde que ocurriera el hecho asombroso en una sencilla ermita, donde ya se veneraba desde tiempo inmemorial una pequeña imagen de la Inmaculada. El cúmulo de portentos que aquellos habitantes del siglo XVI vivieron en primera persona, debió hacerles comprender que la Purísima velaba por ellos día y noche, proclamándola inmediatamente su benefactora. En ese sentido, cabe afirmar que Mazarrón fue el primer pueblo de España que tomó a la Inmaculada Concepción como patrona, no siendo hasta 1761 cuando la propia nación española la tomó igualmente por patrona y protectora, celebrándose el 8 de diciembre una festividad de carácter nacional. Entre los lugares que mantienen una especial devoción por la Inmaculada están Santa Cruz de Tenerife y La Línea de la Concepción, donde existen sendos santuarios en su honor. También recibe gran veneración en las localidades murcianas de Yecla, de donde es patrona, e igualmente Fortuna y El Palmar. A comienzos del siglo XVIII, en el lugar de la antigua ermita se levantó una capilla suntuosa, fundándose junto a ella un convento de franciscanos que cuidaron celosamente del culto y contribuyeron a su ornato. A partir de ahí, todo Mazarrón y especialmente los pescadores, han sentido y sienten por su patrona un amor singular. Los hombres del mar lanzaban en su nombre las redes al agua; los labradores la invocaban en sus primeras sementeras; los enfermos esperaban sanar por su intercesión; los ausentes siempre han confiado en volver al pueblo para visitar su capilla, y, cuando llegaba el día de su festividad, no había corazón mazarronero que no palpitara de emoción ante su presencia.
Pero sería algunos siglos después, con la llegada a Mazarrón de un cura párroco llamado Jesús García en 1941, cuando se pondrá en marcha el proyecto de construir un santuario en el mismo lugar que ocupaban las ruinas de la conocida como Torre de los Caballos, cercano a la costa y en el caserío de Bolnuevo. Don Jesús (como era conocido por sus feligreses) creará una publicación semanal de carácter religioso titulada precisamente «Santuario»; y en el número correspondiente al 24 de febrero de 1946, escribirá lo siguiente:
«…durante el siglo XVI fue este torreón, baluarte y vigilancia contra las incursiones de los moros, una de las cuales dio ocasión al famoso milagro obrado por la Purísima Concepción, (…) hasta la playa del Castellar llegó la Santísima Virgen, ahuyentando con su presencia terrible a los piratas moros que pretendían un golpe de mano sobre los pacíficos vecinos de esta villa. Todavía crecen en estas playas azucenas de la Virgen, plantas misteriosas que sólo allí florecen, y que no han podido aclimatarse a otro lugar. ¿No os parece que sería muy razonable y justo que, allí mismo donde se realizó este milagro, se realizase una Capilla o Santuario dedicado a la Purísima, para conmemorarlo?.»
Finalmente se pondrá la primera piedra del «santuario-fortaleza» el 17 de noviembre de 1946 (día del Milagro), y a partir del año siguiente comenzará la tradición de realizar una denominada Romería del Milagro. La peregrinación tendrá un carácter anual, cada domingo posterior al 17 de noviembre, llevando los romeros la imagen de la Virgen desde su Santuario en Mazarrón, hasta la ermita de Bolnuevo en la playa, distante unos cinco kilómetros. De esta curiosa manera será rememorado el mismo trayecto que hizo la Virgen cuando salió de su ermita para ahuyentar a los sarracenos; además, quedará para dicho día en el pueblo, la Misa Solemne con el voto anual de acción de gracias del Alcalde y la Corporación, con la Procesión de la Patrona visitando las iglesias de San Andrés Apóstol y San Antonio de Pádua. La Romería del Milagro es un acto simbólico y festivo que ha ido adquiriendo relevancia en el ámbito de las festividades locales; hasta el punto que lo podemos considerar el evento más participativo de cuantos se realizan en la villa, no sólo por la asistencia mayoritaria de todo el pueblo, sino por la llegada masiva de visitantes de localidades cercanas que igualmente la han hecho suya. El espectáculo de la costa de Bolnuevo literalmente invadida por miles de romeros que pasan el día junto al mar, es impresionante; sobre la arena de la playa, en improvisadas hogueras donde asan sardinas y otras delicias culinarias, en tiendas de campaña, …en cualquier lugar se confraterniza y resalta, por encima de cualquier otra consideración, las relaciones humanas.
Pero, quizá el hecho más relevante de toda esta historia sea comprobar cómo la tradición se ha mantenido casi intacta, inmutable al paso del tiempo y, por tanto, convertida en una de las pocas señas de identidad que nos define como mazarroneros. Nuestro pasado más ancestral, forjado en una titánica lucha por la supervivencia en un territorio hostil, dio paso a los altibajos económicos que conllevaron la fabricación de alumbre, las minas de plomo y hasta los reveses de la agricultura en tiempos más modernos. Almazarrón, tierra de acogida y lugar de encuentro, ha sabido perpetuar en su memoria uno de los más bellos capítulos que se han escrito en torno a su propio origen.
Mariano C. Guillén Riquelme
Cronista Oficial de la Villa de Mazarrón.